Y llegó el amor

Tan grande, que solo cabían sus abrazos en la habitación.

Con* un andar algo encorvado, empujando la barriga, meciendo su ralo pelo grisáceo contra la espalda. La ropa, desastrada, una mancha llamativa. Y me llevó a cenar a un local de Paquis, bromeó con ellos, cómodo, un Ducados humeando de sus labios, otro. Cualquier mujer estaría ya a diez quilómetros. A mí, me enamoró.

Se reía a carcajadas, franco. Me escuchaba con todo su cuerpo: quería conocerme. Era infinitamente mejor que cualquier sueño porque no se puede soñar con algo así. Tan real.

Me enseñó su ciudad, que es la mía. La vi con sus ojos de artista, de buen comedor, de habitante que atraviesa las mismas calles con otras referencias, siguiendo otras rutas. Redibujé mi mapa mental.

Entró en mi casa, agigantado. Tenía más manos y piernas que yo recordara. Preparé una cena que comió más rápido que antes, cuando paseábamos. Se metió en mi vestido. Al pronto en mi cama.

Nos mecimos a su ritmo. Quería degustarme. No encontraba mi pulsión entre abrazos tan grandes que ocupaban ya mi habitación.

Amanecimos juntos, de modo práctico. Habíamos dormido poco y el despertador se mostraba inmisericorde.

Pensamos el uno en el otro mientras trabajamos. Ese milagro desmesurado volvería a mi lado al caer la tarde, al hueco de mi brazo que quería desabrochar botones, goloso, con calma.

Llegó hambriento, voraz. Apenas algo que comer ya estaba dando órdenes de cómo quería hacer el amor. Con transparencia. Le exasperó mi falta de respuesta. Yo quería un deseo juguetón, dar tiempo a alumbrar besos extraordinarios.

Me preguntó cuál era el juego, irritado. Quería transparencia, repitió.

Mi sorprendido silencio lo enojó. Se levantó gritándome cómo esperaba que fueran las cosas entre nosotros, porque era lo normal. Lo apacigüé con la tranquilidad del que no desea enfadarse. Volvió a mi lado. Hicimos el amor a su gusto. Entre Ducados y Ducados.

A la mañana siguiente, de nuevo el despertador, la ducha juntos, vestirnos, un café, caminar hacia el metro, besarnos en el vagón, despedirnos entre la muchedumbre. Me alejé en sentido contrario.


Esta historia es el final de la serie “Singles” que empezó con Mi amor está en oferta.

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