Pantomima y circo

Juan Carrasco, interpretado por un gran Javier Cámara, es el absoluto protagonista de la ficción de TNT.

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de ‘Vota Juan’.


A buen seguro que lo que el ojo no ve de la política española deja situaciones ridículas, grotescas y de auténtica vergüenza ajena. Si lo hacen, en ocasiones, las que sí trascienden la cámara, imaginen. Por eso, quizás, no exista un mejor autor que Juan Cavestany –en este caso, acompañado de Diego San José– para radiografiar esos pasillos y despachos que no se ven. Tras el éxito de Vergüenza (Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, Movistar+, 2017-?), el creador se sumerge en ese túnel de intercambios, falta de escrúpulos y algo de sinvergonzonería. Y en el tren, de pronto, descubrimos una de las ideas que subyace durante los ocho episodios de la primera temporada: esos seres humanos que viajan con chófer en su limusina son tan mundanos y simplones como cualquiera de los que viajan en metro a las siete de la mañana de un lunes; utilizan de forma indistinta tanto la inteligencia y la estrategia como la picaresca y la manipulación. Made in Spain.

Esti Quesada (la youtuber Soy una pringada) y Yaël Belicha se convierten en la familia de Juan.

Vota Juan empieza cuando, de pronto, Juan Carrasco (voluntarioso y bastante creíble Javier Cámara), Ministro de Agricultura, decide aprovechar una serie de casualidades para presentarse a las primarias de su partido en la carrera por la Presidencia del Gobierno. Es, precisamente, esa carrera la que lleva a la teleficción de la risa a la mueca y de la carcajada a la estupefacción. La propuesta de Cavestany y San José es tan capaz de entrecortarnos la risa con un comentario sobre la discapacidad como de homenajear la mítica escena del “fuck!” de The Wire (David Simon, HBO, 2002–2008) con una versión post-créditos en la que se repite una y otra vez la palabra “pene”. La escritura de la obra es una clara muestra de autoría: algunas líneas de guion nos remiten, directamente, a la citada Vergüenza, de la misma forma que la interpretación de Cámara tiene muchos dejes de la ídem de Javier Gutiérrez en el título original de Movistar+ (el cuasi acoso de Carrasco a una mujer en la reunión de antiguos alumnos sería un magnífico ejemplo).

Joaquín Climent es Luis Vallejo, un personaje-metáfora.

La producción de 100 Balas para TNT, un (re)fresco sobre la España de los cuñados, aquella que prioriza el fútbol sobre todas las cosas, educación incluida (quizás algo tópico, pero efectivo), toma como referencia creaciones como Veep (Armando Ianucci, HBO, 2012-?) y caricaturiza títulos míticos como El Ala Oeste de la Casa Blanca (Aaron Sorkin, HBO, 1999–2006) o House of Cards (Beau Willimon, Netflix, 2013–2018). El dorso es continuo, constante y sonante; sin embargo, la ficción de Cavestany y San José adquiere entidad propia a través de la circunscripción a nuestras fronteras. El catálogo de símbolos es interminable y arremete, desde la elegancia de la metáfora, contra todo y contra todos. De esta forma, la hija gótica del Ministro, interpretada por Esti Quesada (aka la youtuber Soy una pringada), es una referencia interlineal a las famosas pupilas del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, mientras que el diputado guaperas Ignacio Recalde nos retrotrae a la mente el porte y las maneras del presidente actual, Pedro Sánchez. No obstante, es en las metáforas menos obvias (o quizás fuese mejor decir visuales) en las que Vota Juan se hace grande y desliza su mensaje político. Desde allí, el espectador puede acercarse a las cloacas y los bajos fondos de la política (tan en boga ahora gracias al trabajo sordo de Villarejo) mediante una trama subterránea (soberbia Nuria Mencía) que, de forma inteligentísima, acumula un gran número de secuencias rodadas en un parking. Asimismo, en esa sutileza se presenta a Luis Vallejo (fantástico Joaquín Climent), un cargo importante, pero indescifrable, dentro del partido, como esa suerte de mano invisible que autorregula el mercado (y el marketing) político, y por ende el sistema (el capitalismo), desde la sombra: “En este partido, el destino soy yo”.

Vota Juan es una representación perversa, y por momentos cercana a la reducción al absurdo, pero absolutamente verídica, de lo que es en realidad eso que llaman marca España. Un país que, para hacer realidad sus deseos, no duda en utilizar y humillar a sus hijos (la secuencia en la que Juan asegura que su hija es rumana y adoptada para ganar puntos en un reality), a sus amigos (Juan chantajeando a Víctor para que se acueste con una señora con el fin de conseguir avales políticos) y a sus iguales (la utilización final del pendrive con imágenes sexuales). Así las cosas, y en conclusión, la intrahistoria del partido y la carrera por la secretaría general no es más que otra sentencia lapidaria: la política (o su ideal) no existe, todo es mercado. La conclusión de la serie de TNT es meridiana: todo se vende; la democracia no es más que un bazar de todo a cien. Pantomima y circo.

Detrás de Juan Carrasco, su equipo: Macarena (la siempre efectiva María Pujalte), Víctor (un muy divertido Adam Jezierski) y Carmen (fabulosa Nuria Mencía).