La derecha, la izquierda y el pacto PSOE-C’s

Hoy a media mañana llegaba la noticia que todos — vale, quizá no todos — habíamos estado esperando: ¡hay un pacto de gobierno en España! Han pasado dos meses de las elecciones del 20-D. Tras unos resultados ambiguos que dejaban un parlamento más plural de lo normal, la incertidumbre de los pactos ha copado portada tras portada en enero y febrero. Hasta hoy.

Así que este es el resultado de tanta incertidumbre: los dos partidos con más incentivos para pactar — los que más perderían con unas nuevas elecciones— acaban pactando y tal vez veamos un gobierno PSOE-Ciudadanos. El documento redactado — que se puede leer aquí — incluye una variedad de medidas en todas las áreas de política pública, algunas de las cuales se ajustan más al programa socialista y algunas de las cuales se ajustan más al ideario de Ciudadanos. Lo esperado en un pacto, vaya.

Quedaba por saber la reacción de los otros dos grandes actores en esta película: el PP y Podemos. Y no se hicieron esperar:

Pero un momento, aquí hay algo que no cuadra: ¿cómo puede ser que haya tanta confusión sobre el contenido del pacto y las sugerencias de PSOE y Ciudadanos? El PP dice que el acuerdo es «puramente de izquierdas»; Pablo Iglesias dice que se ajusta a lo que «quiere el IBEX35», algo normalmente asociado a la derecha. Pero tradicionalmente la izquierda y la derecha son polos opuestos, lados contrarios del espectro político con objetivos y métodos marcadamente diferentes. Entonces, ¿qué está pasando?

[…] tanto PP como Podemos usan este pacto entre PSOE y Ciudadanos para intentar forzar nuevas elecciones

Hay dos respuestas a esta pregunta. La primera es que tanto Podemos como el PP tienen — o creen tener — un incentivo poderoso para hacer creer a sus votantes que el pacto es lo contrario a lo que ellos sugieren. El PP, tras el auge de Podemos en los comicios del 20-D, cree que unas nuevas elecciones le darían el voto del miedo: que todos sus electores que votaron a Ciudadanos — o que se quedaron en casa — regresarían en tropel a sus brazos al darse cuenta de que un gobierno de Podemos es una posibilidad más real de lo que pensaban inicialmente. Así mismo, la cúpula de Podemos parece estar convencida de que, tras unos resultados brillantes aquel 20 de diciembre, la corona de la izquierda sería suya en unas nuevas elecciones. La pregunta de qué harían con dicha corona — y si realmente Podemos con 100 escaños tuviese posibilidad alguna de gobernar — parece quedar para otro día, como bien explica Roger Senserrich en este artículo en Politikon.

En este contexto, tanto PP como Podemos usan este pacto entre PSOE y Ciudadanos para intentar forzar nuevas elecciones. ¿Cómo? Poniendo a funcionar la maquinaria e intentando explicar a sus votantes que ellos nunca podrían apoyar dicho pacto porque va en contra de lo que creen. El PP dice que el pacto es de izquierdas, Podemos dice que es de derechas; y así, tanto los unos como los otros se las arreglan para rechazar el pacto, bloquear la situación y quizá forzar nuevas elecciones.

Fuente

Esta primera respuesta es razonable e importante, sí, pero a mi entender también incompleta: si los partidos no pudieran convencer a sus votantes de algo, ni siquiera lo intentarían. Es decir: el hecho de que PP y Podemos intenten vender este acuerdo como «de derechas» o «de izquierdas» significa que hay una cierta confusión entre la población acerca de qué constituye una política «de izquierdas» y que constituye una política «de derechas». Hasta ahora, en España, la tipología era sencilla: si la apoyaba el PP era de derechas; si la apoyaba el PSOE, era de izquierdas. Con cuatro partidos importantes en el congreso, la situación ya no es tan sencilla.

La distinción clásica entre derechas e izquierdas es mucho más borrosa ahora que antes. En sociedades con una clase media extensa y en las que el conflicto entre los ricos y los pobres no es tan relevante como lo era hace 20, 30 o 50 años, las distinciones no son tan obvias. Antes, cualquier medida que beneficiase a las empresas era de derechas y cualquier medida que beneficiase a los trabajadores era de izquierdas. Ahora, sin embargo, se hace difícil explicar qué es qué, y a qué altura del espectro político pertenece.

Un ejemplo

Usemos un ejemplo extraído del pacto entre PSOE y Ciudadanos: el pseudo contrato único. En cuanto aparecen estas palabras emergen las críticas: que si beneficia a las empresas, que si abarata el despido, que si aumenta la precariedad... Esto no es nuevo y nos dejó situaciones como las de este vídeo durante la campaña:

Pero claro, como siempre, las cosas no son tan sencillas. Jorge Galindo explica en este artículo que «la protección media de los trabajadores temporales aumentaría… si la distribución de temporalidad se mantiene como hoy» si se implementara el pseudo contrato único de PSOE y C’s. Pero hay más: en una sociedad como la española, en la que la mayor división económica no es tanto entre ricos y pobres como lo es entre jóvenes (empleados temporales o desempleados) y no-tan-jóvenes (indefinidos), este tipo de reformas cobran mucho más valor. Una reforma enfocada a reducir las diferencias entre trabajadores indefinidos y trabajadores temporales — y a reducir los incentivos de las empresas para echar a estos últimos — beneficia justo a aquellos a los que la izquierda decía defender: a los que más lo necesitan. Sólo que en este caso los que menos poder tienen son los jóvenes, que saltan de contrato temporal a contrato temporal y se topan con una barrera legislativa que les impide pasar a tener el mismo estatus que los más poderosos: el de trabajador indefinido.

Conclusión

Obviamente hay muchos otros factores en juego en esta dinámica entre la derecha e izquierda modernas y clásicas: la religión, por ejemplo, solía dictar la política de la derecha y está perdiendo relevancia a pasos agigantados en la política moderna.

Pero la idea principal sigue siendo la misma: donde antes la frontera entre la derecha y la izquierda en política social y económica era muy obvia, ahora esos límites son mucho más difusos. Y eso está viéndose muy claramente en la política española en el último año, con el auge de un partido — Ciudadanos — que nadie sabe muy bien dónde ubicar y con el giro de otro — PSOE — hacia ese difuso centro entre la derecha y la izquierda que nadie sabe muy bien cómo definir.

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Rafa Zamorano escribe desde Escocia, donde reside desde hace seis años. Estudia Política Pública y escribe en el Libro de a Bordo desde hace más de diez años.

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