Amor. Fuente

Sexo. Vino. Cigarrillo.

Si la felicidad se dispensara de manera gratuita y desinteresada, tal vez nuestras vidas serían imposibles. La felicidad, al igual que el satori, es buscada y luchada.

De la misma manera que procede el amor con los amantes.

I

Jorge Gaitán Durán amaba a Alejandra Pizarnik. En el mentidero de lo literario hay un motivo para buscar en las vidas aquello que se solapa en la escritura. Todo lo escrito, de acuerdo con esto, pasa necesariamente por la experiencia vital. Sin embargo, amar merece la recordación que sólo otorga el lenguaje, más allá de la sensación pura que acontece fugaz y tiende al olvido particular de cada uno. En el poema, el primer motivo socorrido por los líricos es el tránsito de la piel al papel. Pero, en este breve espacio, acudimos a otras formas. Al prodigio de amar sin hacer evidente el amor. Tal vez por su fragilidad. O por un acuerdo de voluntades, como aconteció entre Gaitán y Pizarnik, que sume el acontecimiento en una borra claroscura en la que se percibe el fuego. La necesaria discreción que redunda en la socorrida economía de las palabras y concluye en un vínculo de compañía entre aquellos que aman y lo enunciado, no necesariamente exaltado, en el texto.

Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.

Amantes. Jorge Gaitán Durán, Ediciones Mito, Bogotá, 1959.

Amar así es motivo de alegría. Amar, de esa forma, es gozo.

II

Coincidir en el caos lo prefiguran los amantes de una forma en la que el universo queda como telón y ruido. Amar es de gestos, de pactos para alterar la rutina. Murakami, por ejemplo, establece un catálogo de amantes que construyen su secreto al vapor de alimentos cocidos y silencios extrapolados en la armonía de las notas musicales.

Hay dos tipos de personas: los que son capaces de abrir su corazón a los demás y los que no. Tú te cuentas entre los primeros.

Tokio Blues (Norwegian Wood) Haruki Murakami, Tusquets, 2009.

María extrae la experiencia del ruido que desorienta al macho, en medio de largas volutas de humo y cierto temor ancestral ante la llegada de la oscuridad.

Era infinitamente mejor que cualquier sueño porque no se puede soñar con algo así. Tan real.

Y llegó el amor. María Ripoll Cera. Post de Medium, 2016.

En ambas viñetas, el atisbo del final de la languidez impulsa a los amantes a establecer mecanismos contra el olvido, mas no contra la ruptura. La aceptación de amar también es una manera lúcida de comprender la muerte. No hay el llanto de la infancia ante la ruptura del juguete. Hay una certeza de tahúr… Puede haber continuidad, o no, pero la ausencia es el algo que ronda en la mesa y con las cartas desplegadas.

Amar así es luchar contra el olvido, aunque sea una lucha perdida.

III

Te amo — sin adjetivos o adverbios — es privilegio de los solitarios. La semántica del afecto en español presenta combinaciones que tienden a diluir los significados. Lo que es una fortuna a veces no es de buen recibo cuando el tiempo juega al contraste. Te amo, sin lirismo. Pocas veces repetida, puede ser un mantra que resuena en la distancia. Quienes se aman son los solitarios. Aquellos que el tiempo ha tratado, de una forma u otra, con desventaja y encuentran en el amor esa vital salida a una existencia que se torna imposible sin la compañía distante del Otro.

Amar así es iluminar la soledad del otro con la llama propia.

IV

Rebusco entre libretas, mensajes de WhatsApp, algunas lecturas y, al final, encuentro que las frases a continuación son una sumatoria que prefiero tantear antes de dar como concretas. Ineludibles.

También de eso trata amar: de habitar una sonrisa que tiene un trasluz de enigma. Lo dice todo el titular, también el rodeo hasta acá. Todo el anuncio de cómo uno a uno los sentidos despiertan y dan luz a lo que quiere ser expresado.

Amar.

Amar así, al azar, abrazo ante lo imprevisto.

Pero yo te busqué a ti con la suficiente calma y la necesaria tranquilidad para sentir que podíamos estar juntos en la mitad de la noche. Y despertar, luego, sin que estuvieras. Evocar, de una forma u otra, que todo a nuestro alrededor está en movimiento y nosotros aportamos la grácil angustia de la danza.

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0hd es Héctor Delgado (@cerohd), licenciado en Filología que escribe un proyecto denominado #52semanas. En paralelo, aglutina imágenes en Instagram bajo #366cerohd.

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