¿Cómo acercamos a todos a las Neurociencias DIY?

“Bringing these diy gadgets into the classroom
inspires kids to want to know more.”
Greg Gage, Co-Fundador de Backyard Brains.

En esta tercera parte me explayaré en las distintas motivaciones que me inspiran a realizar un taller de neurociencias DIY con niños y adultos.


Primera parte: “Por una Neurociencia DIY”
Segunda parte: ¿Por qué un taller de Neurociencias DIY?

Mi primer punto de interés fue trabajar con niños. Hay muchas ideas con las que ellos pueden experimentar, muy sencillas e interesantes. Para, de forma lúdica y aprovechando el asombro que los pequeños tienen por todo, ofrecerles una aproximación a las Neurociencias.

Las ventajas de trabajar este tipo de ideas con niños son muchas. Para empezar, el hecho de que sean niños nos da una ventaja importante, y es su permeabilidad para aprender a partir de actividades donde ellos mismos están involucrados directamente; haciendo. Así es como ellos pueden explotar su curiosidad por todo, usando su imaginación y su creatividad para aprender en equipo dentro de este marco teórico neurocientifico.

Imagen por woodleywonderworks (CC-BY-2.0)

Al enseñarles neurociencias a los niños, uno no sólo les está transmitiendo ese nuevo conocimiento que les abre las puertas hacia un campo que hasta el momento para ellos era desconocido, ya que en general no suele abordarse en el ámbito educativo, sino que también se les dan la posibilidad de que ellos mismos descubran que la ciencia no es sólo una tarea de adultos y que sumergirse en ella puede ser algo muy divertido.

Este último punto no es algo muy alejado de lo que ya intentan lograr muchos museos de ciencia para chicos pero el valor agregado es que se quiere imprimirle una nueva manera de llegar a ellos. Con una modalidad diferente, vamos más allá de una muestra de neurociencia y nos permitimos transmitirles la idea del “Do It Yourself”, donde todos podemos aprender a hacer algo. No importa si somos chicos o grandes, podemos aprender a replicar experimentos o replicar el funcionamiento de nuestro cerebro, de manera lúdica y colaborativa donde todos hacemos y trabajamos en conjunto. Ayudándonos y compartiendo nuestras habilidades.

Desde esta práctica pedagógica de la ciencia no se busca replicar ciencia, sino hacer ciencia.

Imagen por Waag Society (CC-BY-2.0)

Desde el punto de vista teórico podría resultar bastante sencillo hacerlo porque los temas elegidos no requieren de mucha profundidad pero el gran desafío era a la hora de ejecutarlo ya que el manejo de grupos de niños requiere de mucha destreza y el tipo de actividad donde los niños deben involucrarse puede requerir de mucha atención por el tipo de materiales que deben usarse. Aun así no deja de ser un grupo interesante.

La práctica en Neurociencias DIY no es exclusiva para niños y podría encontrar un notable recibimiento de parte de los adultos. No sólo porque acerca el conocimiento formal de las ciencias de un modo lúdico y accesible, sino porque se trata también de un espacio en el que se pueden hacer actividades prácticas —con las manos— distanciándose del trabajo rutinario donde es más probable que pasemos el día tipeando sobre un teclado a que cortemos cablecitos y midiendo voltajes.

Imagen por Waag Society (CC-BY-2.0)

¿Por qué deberían adentrarse los adultos?

Esta es una forma de adentrarse a la ciencia. Peculiarmente, es una forma más divertida de hacerlo. El objetivo no será uno académico, el cual se preocupa por generar un entorno de investigación engorroso y estructurado, sino el de aprender algo nuevo —en este caso relacionado con la ciencia— de manera lúdica. Con el valor agregado que le imprime la persona que ya tiene algún conocimiento de base, el cual trae de su propio campo de trabajo/estudio, y sus experiencias. Estas permiten romper con la base de la cual se parte y jugar un poco más con las ideas que surjan a partir de las herramientas adquiridas y su propia creatividad. A todos los elementos positivos que se presentan en un taller de niños —como el aprendizaje colaborativo en un ámbito lúdico experimental— se le suma esta flexibilidad de ir más allá del experimento en sí y generar algo nuevo usando los conceptos adquiridos.

En esta instancia, el objetivo dista un poco del de fomentar el camino neurocientífico. Pero el lado positivo es que con una base del tema, además de acercarlos a la ciencia de una manera informal y fomentar su interés por el campo, los estimulamos a que desarrollen luego nuevas ideas que partan de las neurociencias, que tengan algún tipo de aplicación en la vida diaria. De esta manera, continuando con la idea del “do it yourself” o “ciencia de garage”, podemos ir incluso más allá de un formato de taller y generar la motivación para el surgimiento de equipos de trabajo y experimentación. De forma colaborativa, estos equipos pueden interesarse en investigar y sumergirse en el desarrollo de herramientas que sirvan en este campo.

EMG DIY — Imagen por Waag Society (CC-BY-2.0)

Si bien el ámbito académico y formal es sumamente necesario —su manera de trabajar es lo que permite que la ciencia avance al cumplir ciertas normas que se rigen por igual para todos— me parece que no es absolutamente necesario que este sea el único camino. Acercar las herramientas de manera informal a personas que no pertenecen sólo a ese campo puede también llegar a ser enriquecedor al funcionar en paralelo entre ambos abordajes —el formal e informal— sin necesidad de ser excluyentes el uno del otro.

Incluso nos permite jugar con la idea de que los adultos, más allá del camino que hayan elegido y sin importar la edad, pueden también divertirse haciendo ciencia.