Tengo un Roberto para presentarte

Imagen de autoría propia

Trabajar cuando uno está triste es como tomar una aspirina cuando te duele la cabeza: no te va a curar ninguna enfermedad pero al menos apacigua un poco el dolor.

Y distrae.

Casi tanto como observar la actitud de Yeye ante un nuevo compañero de oficina.

Marcelo entró hace un mes y como es muy reservado, a ella tratar de descubrir más sobre su vida le carcome el cerebro (Aunque-estoy-triste-se-me-ocurren-cien-chistes-para-hacer-sobre-las-condiciones-de-funcionamiento-del-cerebro-de-Yeye-pero-aguantate-Vera-que-tu-horno-no-está-para-bollos). Por ahora sabe que es casado, tiene una hija y en los ratos libres toca el violín, características que hacen que ella lo haya encasillado como “Re-Señor”.

Alrededor del dispenser de agua fría y caliente se debaten los temas más importantes de la oficina. Apenas me acerco para hacerme un té, Yeye agarra su vaso y da pasitos cortos pero veloces para pegarse a mí:

– Y??? Ya nos pusimos de novias??

– Quiénes?

– Ay, Veruch!, de quién voy a hablar? de vos! si yo ya tengo novio! -Ese “ya” se me clavo en el oído con una impronta que me llegó al corazón más rápido que un infarto.

– No, Yeyulina, no nos pusimos de novias -Miro al costado pensando si alguien en la sala no percibió la ironía de cada una de mis palabras.

– Vos no tenés novio??? -Pregunta asombrado Marcelo, a quien solo se le ven los ojos que se asoman por arriba del monitor (Miralo-a-Marcelito-incorporándose-a-la-dinámica-chusmerío-dispenser-surround!)

Le hago un gesto confirmando mi soltería y vuelvo la mirada al té. Mientras agarro el sobrecito de edulcorante Marcelo se levanta y, caminando hacia mí (y a Yeye que no se quiere perder nada y sigue nuestro diálogo como cuando el público sigue la pelotita de tenis en un partido), pregunta:

– Y qué debería tener un hombre físicamente para gustarte?

– Que sea más alto que yo -Es lo único que no negocio, por ahora.

– Tengo un amigo alto para presentarte!

– Ay, ay, ay! Me muero Veruchhh!!!! Ay, Marce, sos divino!!!! (Ay!-Yeye-si-te-tranquilizaras-un-poquito-y-usaras-menos-onomatopeyas…)

Me muestra al amigo en facebook; para mi asombro, me gusta. Se llama Roberto y me pregunto si será “Re-Señor” él también.

Aparto mis prejuicios (una vez más) y le doy el ok para que le pase mi número de celular.

Roberto me manda un mensaje esa misma tarde para preguntarme cuándo me puede llamar (Confirmado: los de menos de 45 no llaman directo, parece que se percibe como una gran invasión a la privacidad).

A la noche hablamos, me cae bien, me propone cenar el viernes.

Me pasa a buscar y vamos a un restaurant por Palermo. Desde que subo al auto la charla es linda (casi escribo amena pero me dio miedo que pensaran que tengo 75 años), sin grandes altas ni grandes bajas. Parece cálido y atento.

Y es alto.

Pido ñoquis con crema y champiñones. Un plato fácil de comer, que no implica masticadas incómodas ni elementos verdes que queden entre los dientes. Él opta por lomo con puré. Cada trozo que corta lo vuelve a dividir en dos, pincha uno arriba del otro, los empapa de puré y a la boca. ¿Suma el dato? No por ahora, pero en las primeras citas TODO se archiva en la ficha imaginaria del candidato en cuestión.

La cena termina con un volcán de chocolate compartido. Volvemos al auto y me provoca ternura que cuando faltan pocas cuadras para llegar a mí casa aminore la marcha. Siento que le gusta el momento que estamos compartiendo. Antes de frenar empieza a proponer salidas a futuro: cine, teatro, etc. Le digo que sí, que hablemos.

Frena en la puerta de casa y nos besamos.

Lindo.

¿Fuegos artificiales?

No.

Pero lindo, que hoy es un montón.


Leé la segunda parte de Roberto acá
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